Mi primera visita a San Francisco empezó de una manera extraña y que, sin yo saberlo, acabaría siendo un buen resumen de mis siguientes visitas a la ciudad. En el tan temido control de pasaportes de EEUU me recibió un gringo rubio y alto que me miró como intentando descubrir los secretos motivos que me llevaban a querer entrar en los “yunairerestiets“. Yo, conocedor de lo sensible que se pueden poner en su “first line of defense” puse mi cara de buen chico y expliqué que venía de turismo y de shopping, que siempre queda bien. De repente… ¿Mike? sinceramente no sé cómo se llamaba el agente de aduanas, vamos a llamarle Mike. Bueno, pues Mike dice:

-¿Barcelona? my wife is from Barcelona. Com estás?-

Acostumbrado a ser recibido de manera bastante más arisca en otros aeropuertos, confieso que me quedé con el culo torcido, como esperando una trampa. Pero no, Mike siguió:

-Parlo una mica de català, m’agrada molt Barcelona-

Y así fue como en mi primera visita al estado dorado pasé el control de aduanas íntegramente en catalán. Lo que no sabía mientras me dirigía a la salida del aeropuerto pensando -“qué suerte he tenido”- es que no había pasado nada raro, ese es el rollo de San Francisco, una ciudad en la que la gente es amable hasta hacerte desconfiar.

Llegar

San Francisco es una ciudad de tamaño bastante manejable, vive cara la mar y es, en general, bonita. Estética. Cuidada. Desde el aeropuerto es recomendable llegar al centro en el BART (Bay Area Rapid Transit). Un metro que, como todas las infraestructuras públicas en USA pues digamos que no le lavan la cara desde hace años, pero es fácil, rápido y te deja en el corazón de la ciudad.

¿Dónde me quedo?

Vayamos por partes, San Francisco no está pensada para los turistas. No me entendáis mal, es una ciudad turística, pero es la ciudad en la que Silicon Valley hace sus cosas y, por lo tanto, todo está pensado para los millennials que mueven los hilos en las empresas tecnológicas. Sí, esta el Golden Gate y Alcatraz y Castro y los tranvías y calles que te sonarán de alguna película (o del Grand Theft Auto), pero no es Barcelona (en la que toooooodo está orientado al turismo). Mi recomendación es hospedarse cerca de Union Square o Castro y a partir de ahí, caminar, caminar y caminar. Como digo, la ciudad tiene una estética curiosa, mezcla de edificios de antiguos con rascacielos de última generación y zonas residenciales.

¿Vale y ahora qué hago?

Empecemos por lo obvio, el Golden Gate ¿Vale la pena? Sí, definitivamente. Tal vez la mejor opción sea alquilar bicicleta en Fisherman´s Warf y desde ahí lanzarse a cruzarlo y, si te atreves, subir hasta el mirador (spoiler, vale la pena). Ida y vuelta, sin prisas serán unas 3-4 horas de cardio y fotos para Instagram. Si has decidido que tu visita a la ciudad requiere subir a uno de los clásicos cable cars de la ciudad, recomiendo tomarlo en la parada de Hyde St & BeachSt, en Maritime Garden. Tiene parada en Lombard Street, con lo que en un recorrido de medio día ya habrás conseguido el “suficiente” en tu visita a la ciudad.
Alcatraz también vale la visita
. Aviso a navegantes, es necesario reservar la entrada y se recomienda hacerlo con un par de semanas de antelación. La visita es un poco Disney, pero tiene sus sorpresas.

Mission-Castro-Dolores Heights

Son los barrios que definen a la ciudad, los que tienen el encanto y en los que encontrarás ese ambiente entre hippy y hipster. Cafeterías, restaurantes, tiendas de infinidad de cosas cool.
Si es domingo acércate al Mission Dolores Park, ahí verás una muestra de este San Francisco cool de tecchies en dockers jugando al frisbee, tomando el sol y descansando con la certeza de que su ciudad es la hostia.
Castro es otro de los puntos de visita obligada. Es el primer “barrio gay” de EEUU y cuna del movimiento por los derechos del colectivo de la mano de Harvey Milk. Hoy es uno de los puntos más de moda de la ciudad por diversos motivos. Por un lado, por la iconografía gay, pero por el otro, el barrio es una pequeña joya bien cuidada y adornada con librerías de viejo, restaurantes, cafeterías y tiendas de moda.
Mission es el lado más gamberro, el de ir a comer y acabar de copas y en algún salón de tatuaje. Todo en esta ciudad tiene un algo de pijo, pero en Mission y Valencia St es donde se cruza todo el mundo. Mission debe su nombre al edificio más antiguo de la ciudad, la iglesia de Misión Dolores, construida en 1776 por misioneros españoles y para mantener la tradición es el barrio latino de la ciudad. Es o era, porque la gentrificación no perdona y muchas de sus calles se van llenando de programadores del valle del sílice de todas las nacionalidades imaginables, lo importante es tener un salario de 6 cifras.

En Alamo Square tenemos las famosas Painted ladies, pero, sinceramente ¿Cuantos de vosotros recordáis la serie de Padres forzosos? Imagino que pocos… La cosa es que el parque y las vistas frente a las casas son una buena excusa para sentarse, descansar un rato y pensar en que te gustaría vivir en esta ciudad. Si lo que quieres es darle un toque interesante al viaje, te recomiendo que camines un par de calles hasta la Church of 8 wheels, una iglesia reconvertida en roller disco. Un monumento al sudapollismo de esta ciudad y sus ganas de pasarlo bien.

Comer

San Francisco es diferente a otras ciudades de EEUU en muchas cosas y la comida es una de ellas. Verás pocas cadenas de comida rápida, porque tienen un impuesto extra para limitarlas. En general se aprecia que la gente se cuida bastante, lo cual no quiere decir que no encuentres comida chatarra digna de mención. Ya os hablé en su día de The Bird, pero hay vida más allá de cosas-entre-panes.

Por un lado tenemos el Barcino, un restaurante de comida mediterránea muy cuidada y en el que además podremos disfrutar del ambiente chic de la ciudad.

Si la idea es una cena entre amigos, Hawker Fare es una opción segura. Copas y ambiente mezclados con comida tailandesa.

Para los días de caminar sin descanso, la cadena Lers Ros Thai es un salvavidas de precio ajustado y sabor contundente. En la misma línea, por la zona de Union Square tenemos el King of Thai noodle.

Si lo que buscas es un desayuno sabroso, sano y rodeado de hipsters, Vive la tarte es tu lugar.

Tips

  • San Francisco es una de esas ciudades que vale la pena visitar sin una agenda demasiado apretada o sin seguir demasiado una guía, su encanto reside en pasearla. 3 o 4 días son suficientes para ver “lo que hay que ver”. Si tienes más tiempo vale la pena alquilar un coche y visitar algunos de los parque nacionales cercanos
  • Es llamativo el número de personas sin hogar que encuentras en una ciudad tan rica. Al parecer es debido al clima y a las ayudas estatales. Al caer la noche la zona del ayuntamiento es zona de acampada para muchas personas sin hogar y es un punto caliente de venta de droga
  • La ciudad es cara a todos los niveles, vale la pena tener controlados algunos restaurantes económicos. La comida asiática suele ser una buena idea
  • La gente es muy (muy) amable, es su rollo. No te extrañes si alguien se ofrece voluntario a hacerte una foto, acompañarte a un local si les preguntas cómo llegar o contarte la historia de la ciudad. Son así, disfrútalo